contacto@katabasisrevista.com

Fotografía por: Ixkozauki Hermosillo

Ixkozauki Hermosillo

El escritor mexicano, recién nombrado ganador del Premio Cervantes 2025, recibía el Homenaje al Bibliófilo «José Luis Martínez». La Feria Internacional del Libro de Guadalajara entrega este reconocimiento a quienes han dedicado su vida a la devoción por los volúmenes impresos. En el caso de Celorio, la devoción es tal que, según confesó con humor, su casa se ha convertido en una biblioteca «donde apenas tengo espacio para dormir y cocinar». La coincidencia de ambos galardones (el Cervantes y el homenaje de la FIL) convirtió su visita a Guadalajara en uno de los momentos más intensos de la edición de 2025. Entre presentaciones de libros, conferencias de prensa y el acto solemne en el que el presidente de la FIL, José Trinidad Padilla López, le entregó el reconocimiento, el autor demostró por qué el jurado del premio español lo definió como un «escritor integral»: creador, maestro y lector apasionado.

En el salón abarrotado, entre ovaciones y el murmullo de quienes sabían que asistían a un momento histórico, Celorio escuchó cómo el poeta Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, definía su mundo con una sola palabra: memoria. «En los libros existe el pasado, el presente que habitamos los lectores y un futuro que todos podemos compartir; justo en esos renglones persiste la memoria». Al tomar la palabra, Celorio habló de los libros como quien habla de seres queridos. «Los libros nos dan la espalda: solo vemos sus lomos; nosotros los liberamos de su cautiverio y los acariciamos delicadamente. Incluso aquellos libros que nunca leeremos siguen siendo una esperanza hacia un mundo nuevo», dijo. Y cerró con una frase que condensa su filosofía: «Como los seres vivos, los libros nacen y se reproducen, pero, a diferencia de ellos, no mueren nunca».

El Homenaje al Bibliófilo, que en años anteriores ha recaído en figuras como Alberto Manguel o José María Murià, encontró en 2025 a un destinatario perfecto. Celorio posee una colección personal de más de doce mil volúmenes. Entre ellos figura una primera edición de «Cien años de soledad» dedicada por Gabriel García Márquez. Ha construido toda una vida en torno a la lectura como acto de amor.

Días antes de la ceremonia del bibliófilo, el domingo 30 de noviembre, Celorio presentó en el Salón H del stand de la UNAM su libro Mi amigo Hernán, un homenaje póstumo al escritor y académico Hernán Lara Zavala, fallecido en marzo de ese año. Acompañado por Mónica Lavín y Tomás Granados Salinas, Celorio recordó a quien fue su compañero de conversaciones dominicales sobre literatura y vida. «Cada domingo se reunían a conversar sobre la escritura, la literatura, la vida», ha contado Lavín sobre esos encuentros. Mi amigo Hernán es, en palabras de la escritora, «un homenaje al amigo en el que habla de la amistad».

La presentación que generó más expectación fue la de Ese montón de espejos rotos (Tusquets, 2025), sus memorias. Celorio las presentó entre risas y anécdotas el 1 de diciembre en el marco de la feria. El título, tomado de un verso de Jorge Luis Borges, anuncia el carácter fragmentario y reflexivo del volumen: quinientas páginas en las que la vida privada del autor se entrelaza con su trayectoria pública. Van desde sus años de estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM hasta su gestión al frente del Fondo de Cultura Económica y su dirección de la Academia Mexicana de la Lengua. «Escribo fundamentalmente para olvidar», ha dicho en repetidas ocasiones, y reconoce la paradoja de que sus novelas, al mismo tiempo, sean profundamente memorísticas.

En una conferencia de prensa durante su estancia en Guadalajara, Celorio definió su relación con la escritura con una frase tajante: «Creo firmemente que la literatura es un mecanismo de exorcismo». «La escritura surge como un método para olvidar, nace de un conflicto que se diluye al transitar por las páginas de una obra, donde el escritor comparte sus inquietudes con el lector».

Esa concepción de la literatura como catarsis explica buena parte de su obra. En El metal y la escoria (2014), novela dedicada a su familia paterna asturiana, Celorio confesó que escribió atemorizado por la posibilidad de que el Alzheimer que padecía su hermano mayor borrara la memoria familiar. «En cuanto se publicó la novela, desapareció mi temor de tener la enfermedad. Otro exorcismo literario», reconoció. En Tres lindas cubanas (2006), la necesidad de escribir surgió de su propia ambigüedad moral frente a la Revolución cubana, un tema que lo «estaba volviendo un poco loco».

Durante su encuentro con los medios en la FIL, Celorio también se refirió al impacto de la inteligencia artificial en la creación literaria. Aunque reconoció que la IA puede ofrecer «expresiones muy felices», afirmó con claridad que no reemplaza el proceso creativo humano. Para un escritor que describe el acto de escribir como una exploración en la que «sabe cuándo zarpa, pero no tiene la menor idea de adónde llegar», la imprevisibilidad y la vulnerabilidad del creador son insustituibles.

La literatura mexicana se ha enriquecido con una voz única, marcada por la doble herencia cubana (por parte de madre) y asturiana (por parte de padre), y por su profundo vínculo con España. En abril de 2026 deberá viajar a Alcalá de Henares para recibir el Cervantes de manos de los reyes Felipe VI y Letizia en el paraninfo de la universidad.

El jurado del premio, integrado por los escritores Luis Mateo Díez y Álvaro Pombo (ganadores de las ediciones 2023 y 2024), destacó en su fallo que Celorio ha consolidado «una voz literaria de notable elegancia y hondura reflexiva, en la que conjuga la lucidez crítica con una sensibilidad narrativa que explora los matices de la identidad, la educación sentimental y la pérdida». El ministro de Cultura de España, Ernest Urtasun, subrayó que su obra constituye «una memoria del México moderno y un espejo de la condición humana».

En la FIL, Celorio demostró esa elegancia y esa hondura, y también el humor que sus amigos y lectores le reconocen. Mónica Lavín lo describe como «un hombre muy elegante en sus formas, en el uso del lenguaje» que equilibra la solemnidad con «la capacidad de reírse, incluso de uno mismo». En Ese montón de espejos rotos, el autor no se exime de la autocaricatura: se ríe de sus achaques, cita a Tita Casasús («La salud es un estado transitorio que a nada bueno conduce») y narra con desenfado sus desventuras corporales.

En la FIL Guadalajara 2025, Gonzalo Celorio fue celebrado. Celebrado como escritor, como lector, como maestro y como amigo. Celebrado por una comunidad literaria que vio en su figura la confirmación de que la literatura, en tiempos de algoritmos y pantallas, sigue siendo un refugio para la inmortalidad. Y en esa inmortalidad de los libros, en esa esperanza de nuevos mundos, que reside la lección más importante de su paso por Guadalajara: la literatura es una forma de habitar el tiempo, de resistir al olvido, de compartir con extraños lo que solo podemos imaginar. Como escribió en sus memorias citando a Borges, somos todos, en última instancia, «ese montón de espejos rotos» que la escritura intenta, una y otra vez, recomponer.

Ixkozauki Hermosillo

Ixkozauki Hermosillo

Director de Edición

(Guadalajara, 1996)
Escritor, editor y fotógrafo. Ganador del concurso Creadores literarios FIL Joven 2012; coautor de la antología La voz de los pasos (Mano Armada, 2018), de la plaquette Mirada, palabra, poesía en 2020 y de la antología Voces en el tiempo en 2024, ambas publicadas por la Editorial Universidad de Guadalajara. Seleccionado ganador de la Convocatoria Libre Noviembre 2024 por la Editorial ITA en Colombia. Participó en la edición 28 del Encuentro Internacional de Poetas de Zamora. Textos suyos han aparecido en distintos medios: Versorama, Revista Gremios, El Comentario Semanal de Colima y Revista Katabasis. Estudió las licenciaturas de Abogado y Periodismo y comunicación.

Total Page Visits: 3207 - Today Page Visits: 106
Share This