Ilustrado por: Deivy
Álvaro Pérez Hernández
Malgastado y desolado. Lívido ser que trota entre la niebla. Se le nombra como una bestia por aquellos que le temen, pero, no es otra cosa sino un lobo color ocre. Un débil carnívoro que lleva toda su vida huyendo de sus cazadores.
En su hogar ya no queda ninguno de su especie, solo él. Solo queda él para tratar de sobrevivir, escapando día con día contra un odio incomprensible, contra un temor injustificable. Y sin embargo ese es su destino.
Un día mientras la niebla y una suave lluvia cubrían los tristes bosques, dicho lobo se resguardaba en el desnivel de algunas rocas, cuando una voz le sorprendió.
一¿Tienes frío? 一le preguntó un tejón adulto que pasaba despreocupadamente por ahí.
一Un poco. ¿Por qué me lo preguntas? Podría matarte y comerte 一le respondió el lobo con voz indiferente.
一Podrías, pero alguien tan lastimado como tú, no creo que quiera lastimar a otros. Además tú eres el último, cuando mueras, este bosque no tendrá cazadores.
一Olvidas que aquellos que han matado a los míos también han matado a muchos de los tuyos sólo para cubrir sus cabezas.
一No me lo recuerdes, lo sé muy bien. Uno de mis hijos fue capturado por un humano. Ya nunca más volví a verlo.
Ambos animales se quedaron quietos con el débil fulgor de la lluvia, que impactaba cada hoja de cada árbol.
一Creo que he olfateado algo hace algunos minutos, si quieres puedes acompañarme –le invitó el viejo tejón.
El lobo no respondió y tan sólo lo siguió lentamente por un camino irregular en el bosque.
La hojarasca y el humus eran abundantes, por lo que el suelo era muy resbaladizo. Los grandes abetos y pinos llenaban la anchura de aquel inmenso bosque. Y a pesar de que todo estaba lleno de vida siempre había un sentimiento lúgubre en el aire.
Pasaron algunos minutos en los que los animales caminaron bajo la constante lluvia, por lo que su pelaje se empapó casi por completo. Se encontraron lo que sus narices habían detectado; abajo en una pendiente muy inclinada se hallaba el cadáver de un ciervo. Los carnívoros comenzaron a descender tratando de no hacer mucho acto de su presencia.
一Parece que lleva algunas horas muertos –exclamó el lobo.
El tejón lo olfateó de cerca hasta que su nariz chocó con un palo clavado en el cuello del animal.
一Parece que fue uno de ellos. Y al caer no quisieron venir por él 一dijo el tejón con un dejo de soslayo一. Es una lástima parecía que era un macho muy fuerte 一expresó al notar lo grande de su cornamenta y el tamaño de su cuerpo.
一Quizás, pero eso ya no importa 一respondió el lobo mientras comenzaba a perforar la rígida piel con sus colmillos.
一Tienes razón 一corroboró el tejón mientras buscaba las partes más blandas para poder comer.
Ambos devoraron el ciervo lo más que sus estómagos les permitieron.
一Creo que ya debo irme 一indicó el lobo que tenía gran parte de su rostro manchado de sangre.
一Parece que esos humanos insisten en cazar a todos los tuyos.
一Creo que nos consideran una amenaza, aunque no hemos herido más que a un par de ellos en defensa propia.
一Es verdad 一el tejón permaneció pensativo un momento mientras observaba el bosque hacia el este一. ¿Alguna vez te has internado al interior del bosque?
一Nunca, las manadas de los míos hicimos un pacto con los osos hace muchos años. Prometimos que nuestro rango de caza se restringía a la periferia del bosque, mientras que ellos se quedaban en el centro. O al menos eso fue lo que me contó mi padre.
一Sin embargo ahora solo quedas tú. Creo que sería una buena idea que te movieras hacia el interior, quizás ahí los humanos no puedan alcanzarte.
一Quizás…
Antes de que el lobo pudiera articular palabra, un estrépito surgió de arbustos no muy lejanos.
一Creo que son ellos. Rápido dirígete al este, yo debo volver a mi gruta.
一Lo haré. Gracias, anciano
一Que no te atrapen, cazador…
Ambos animales alzaron la carrera, sin embargo el lobo no se alejó demasiado, sólo se apartó lo suficiente para poder ver a los humanos acercarse al cadáver del ciervo. Observó a dos grandes hombres y uno parecía más joven que el otro. Empezaron a discutir entre ellos y se sentían enojados al ver como se encontraba su presa. Lo único que hicieron fue cortar la cabeza con un objeto color gris brillante.
Silenciosamente el lobo partió y comenzó a internarse en ese inmenso bosque.
Bajo el pálido cielo del atardecer, el lobo caminaba lentamente, parecía que no tenía prisa en llegar a donde fuera que se dirigía, o era quizás la gélida esencia del lugar que no le permitía andar demasiado rápido. A pesar de todo se sentía seguro; el volar de las aves, junto con el arrullo del viento le otorgaba una paz inherente.
Pasó por largos senderos entre una tierra húmeda, por los densos matorrales de bayas, a través de pequeños riachuelos que transportaban dulce agua que nutría a los ríos y lagos. Paso a través de laderas y una pequeña montaña.
Los seres que habitaban no se le acercaban, le temían y a la vez le compadecen, ellos sabían que era el último en el bosque y que su presencia sólo podía expresarse en desaliento.
La noche cayó hasta llegar a su apogeo. Miles de estrellas debían brillar a lo lejos, más las constantes nubes bloqueaban el fulgor de su luz. Era una noche triste y lejana.
El lobo llegó hasta algunas grandes rocas, donde por diferentes eventos, algunas estaban quebradas. Se instaló debajo de una que formaba un gran arco, donde podía refugiarse. Las paredes de roca se sentían frías y el piso estaba cubierto por poca vegetación y algunos guijarros. Sin embargo, el cansancio que sentía le impedía buscar otro lugar donde pasar la noche.
La mañana siguiente llegó con una fría y densa niebla. Mas el lobo sabía que debía aprovecharla; su camino siguió siendo lento y silencioso. Dicha bestia era la representación de un espíritu salvaje, de la soledad, del olvido y de la última fuerza que queda por sobrevivir y perdurar en un mundo tan cruel e injusto.
La vida se compone de miles de expresiones. Dichas expresiones iban y venían con los pasos de la bestia. Los árboles, aves, el musgo y los hongos. Toda pequeña esencia se cernía de mil maneras a su alrededor. Sin notarlo todo nacía, crecía y se dirigía a morir…
El lobo llegó a un pequeño claro, cercano a un arroyo. Se acercó para beber un poco de agua fresca. De momento, un gran estruendo lo sorprendió. Al levantar la vista y las orejas se percató de que a escasos cincuenta metros de él, había un gran oso pardo, pescando. Era una bestia enorme, parecía ser un macho adulto.
El lobo sabía que para quedarse dentro de su territorio debía hablar con los osos, así que se acercó lentamente.
一Disculpe 一expresó el lobo a una respetable distancia del oso.
Al escuchar sus palabras el oso se volteó con un rostro colérico y comenzó a avanzar lenta y amenazadoramente hacia el lobo.
一Tú bien sabes que no deberías estar aquí 一dijo el oso con un temible bramido.
一Lo sé. Pero estoy escapando, los humanos han invadido nuestro territorio y han acabado con todas las manada. Sólo quedo yo…
一Eso no me interesa 一gritó el oso con un rugido.
Al instante la enorme bestia se abalanzó contra el lobo, el cual logró esquivarlo por apenas un palmo. El oso atacó con continuos zarpazos, hasta que uno acertó justo en las costillas del lobo, lanzándolo un par de metros.
El golpe lo dejó desorientado, más sabia que de no levantarse no lo haría nunca más. Consiguió erguirse, ignorando el dolor y ahora fue él quien arremetió contra el oso, mordiéndolo por un costado. El oso se tambaleo violentamente para quitárselo de encima, sin embargo, los grandes dientes estaban completamente adheridos a su gruesa piel.
El oso se levantó y cayó, aplastando al lobo. Entonces ya no se movió. El lobo estaba esperando el último golpe viendo cómo se acercaba su rival.
一Te dije que te fueras.
El oso lentamente se levantó en toda la extensión de su tamaño para aplastarlo. Cuando de la nada un fuerte y seco sonido se escuchó en todo el lugar, después el oso cayó hacia un costado.
El lobo logró inclinarse trabajosamente y se acercó un poco a un lado del oso.
一Te dije… que no quería pelear.
一Yo siempre defendí mi territorio… incluso de los míos. Vete…
一Al menos dime a quién le debo mi muerte.
一Mi nombre es, era… Gramo… -Ante las últimas palabras el gran oso murió.
El lobo quiso lanzar un último aullido en honor al viejo oso, sin embargo se percató de que aquellos que habían disparado se acercaban rápidamente por una saliente. El lobo se irguió y cojeando se dirigió a la maleza.
Otro disparo se escuchó y en un segundo un agujero con pólvora se dibujó en el suelo. El impacto fue cercano a donde el lobo trotaba, más no lo hirió.
Los tres hombres observaron a la enorme bestia que habían abatido y se mostraron orgullosos de ello, sin embargo aún debían alcanzar otra.
El lobo comenzó a trotar más rápido, aunque eso implicaba un gran dolor para sí mismo. Siguió el tupido camino de un arroyo. Cuando se encontró con una serie de caudales, se sorprendió con una pequeña familia de osos, no era más que una osa joven con sus dos cachorros.
一Quédense atrás 一indicó la osa a sus crías al ver acercarse lentamente al lastimado lobo.
一Deben irse, los humanos 一en cansancio y dolor apenas le permitían hablar.
La osa se acercó, ignorando sus advertencias.
一Pero, estás muy lastimado, ven con nosotros, hay una cueva cerca de aquí.
Caminaron lentamente hasta llegar a una grieta en el suelo que formaba una pequeña cueva. La cual utilizaban como refugio provisional. Mientras caminaban, los oseznos correteaban alrededor del lobo, aunque habían escuchado sobre ellos, jamás habían visto uno y les parecía una criatura por lo más interesante.
一Llegamos, ahora dinos ¿qué te pasó? 一le preguntó la osa mientras le acercaba un trozo de carne de alce que les había sobrado de su caza matutina.
一Los cazadores llegaron a nuestro territorio, invadieron toda la periferia del bosque. Mientras más de ellos llegaban, comenzaron a cazarnos, un par de veces algunos de los míos se defendieron, pero no mataron a ningún humano. En cambio, ellos tan sólo comenzaron a acabar con cada uno de nosotros 一dijo el lobo mientras tragaba un trozo de carne y ponía su mirada con total seriedad一. Yo soy el último que queda. Mi padre me dijo que el centro del bosque estaba dominado por los osos, y creí que aquí estaría a salvo.
Los oseznos jugueteaban entre ellos empujándose y tratándose de morder sin lastimarse.
一¿Qué ocurrió después? ¿Ellos te hicieron esas heridas?
一No exactamente, me encontré con un macho de tu especie y me atacó, sin embargo ellos lo mataron, parece que me han estado siguiendo.
一Eso no es posible, no habíamos tenido conflictos con esos humanos en muchos años. Se suponía que el bosque nos protegía.
一Creo que a ellos no les importa el bosque, no les importa nada.
La osa permitió que pasará la noche con ellos. El transcurso de la noche fue lento y silencioso. Los grillos cantaban y las aves nocturnas ululaban. Pero de momento un extraño aroma apareció; el lobo despertó, percibiendo ese aroma.
一Oye, despierta. Creo que son ellos.
La osa despertó junto con sus cachorros. Todos permanecieron quietos y en silencio. Cuando de momento un haz de luz se observó a algunos metros de ellos.
一No cabe duda, vienen hacia aquí.
一¿Qué debemos hacer?
El lobo permaneció pensativo un momento, recordó a su familia y lo que le había sucedido, a cada miembro de su manada. Incluso en las otras criaturas que los humanos habían matado.
一Llévate a tus hijos, yo los distraeré.
一Te matarán.
一Quizás, pero si al final me matan espero que ya no regresen en busca de más lobos.
一¿Cómo te llamas?
一Mi madre me nombró como Bastian.
一Que el bosque te cuide, Bastian –las palabras de la osa resonaron con una calidez que el lobo no había contemplado en muchos años.
一Lo mismo espero para ti y tus hijos –dijo mientras lamía el áspero pelo de uno de ellos.
La luz comenzó a acercarse amenazadoramente.
一Ahora 一dijo el lobo mientras salía lo más rápido posible, haciendo que las luces se fijaran en él, la osa corrió del lado contrario con sus crías.
Bastian corrió entre los árboles y escuchaba como los atronadores disparos caían a escasos metros de él. Bajó por una ligera pendiente, pensando en que los rodearía.
Los hombres tenían la luz de sus lámparas sin embargo el lobo podía ver mejor que ellos en la inmensa oscuridad.
Bastian se posicionó muy cerca de uno de ellos, en cuanto tuvo la oportunidad mordió la pierna de él humano, y jaló de él para derribarlo. De inmediato al estar en el suelo le mordió el cuello y lo soltó al instante. Los otros dos dispararon pero Bastian fue más rápido. Mientras tanto al que había atacado estaba tirado y desangrándose. Los humanos se dirigieron a su compañero caído tratando de auxiliarlo. Sin embargo el lobo logró embestir a uno de ellos y se volvió a esconder entre la maleza.
Los hombres comenzaron a verse angustiados y temían de cada pequeño sonido proveniente del espeso bosque. Bastian permaneció quieto junto a un árbol, imitando una roca. Sin embargo los humanos disparaban a la más mínima idea de su presencia.
Bastian tomó impulso y con todas las fuerzas que le quedaban cayó contra otro de los humanos. La acción se ejecutó en segundos. El lobo comenzó a morderle el pecho hasta llegar a su carne, mientras el horrorizado hombre se debatía por quitarse al furioso lobo de encima. Sin embargo Bastian mordió ampliamente el rostro del humano, dejándolo inmóvil.
Un disparo más se escuchó.
Bastian sintió como un gran dolor comenzaba a emerger de sus costillas. Sin embargo la adrenalina y la rabia que sentían le hicieron ignorarlo.
Se dio vuelta al origen de dicho disparo, ahí estaba el último hombre en pie, tratando de recargar su arma de forma frenética. Bastian se levantó y entre sangre y tierra acometió contra el humano, mordiendo directamente su garganta hasta que dejo de respirar.
La pelea dejó al lobo moribundo. Se alejó de los cadáveres de sus antiguos cazadores. Y caminó, el lobo tan sólo caminó. No estaba pensando en nada, no pensaba en un lugar a donde ir, tan sólo caminaba lentamente.
Algunos metros más adelante había un pequeño desnivel en la tierra, se dejó caer en lo que parecía una pequeña cama de tierra y musgo.
Y ahí permaneció, impasible entre las raíces del bosque. Ahí murió el último de su especie, el último cazador, para unirse a la tierra donde creció, donde provenía.

Álvaro Pérez Hernández
Autor
Cuernavaca, 1997
Biólogo de profesión y escritor de tiempo incompleto. La mayoría de su vida ha vivido en el estado de Hidalgo, México. Desde que era niño le interesó mucho las cuestiones literarias, comenzando a escribir poemas desde los 14 años, a lo que con los años y la práctica ha mejorado substancialmente. Le gusta usar el tiempo leyendo, viendo series y conociendo lugares donde crear nuevas historias.

Deivy
Ilustrador
Me llamo Deivy Castellano. Pintor aficionado, intento que mi trabajo hable por mí mismo. Trabajo para ser un polímata, en mi tiempo libre soy un misántropo auto exiliado en Marte.
