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Ilustrado por: Paulo Cañón

Ixkozauki Hermosillo

 

En la memoria se engendran las palabras
y en ella nacen.
Se engendran las cosas y en ella nacen,
sin conocer límite
entre el ayer y el hoy.
El poeta nació

En el principio era el joven dios de la fertilidad, la belleza y el renacimiento; su muerte y resurrección marcaban el ciclo eterno de la naturaleza. Su origen se remonta al siglo VII a.n.e. en los mitos de Asia Menor y del Mediterráneo oriental. Cuando Ali Ahmad Said Esber, un joven campesino sirio, eligió ese nombre para firmar sus primeros poemas, lo hizo como un acto de resurrección literaria. Sus versos habían sido rechazados una y otra vez por las revistas de Damasco, y fue entonces, tras leer la historia del mito, que decidió renacer con un nombre nuevo.

Nació en 1930 en la localidad rural de Qasabin, provincia de Latakia, Siria. Proveniente de una familia de origen campesino perteneciente a la comunidad alauí, su infancia transcurrió en un entorno de modestia económica, inmerso en un paisaje de campos y montañas. Su formación inicial estuvo marcada por la influencia paterna, quien le instruyó en la lectoescritura y le introdujo en la tradición poética árabe a través del recitado de versos clásicos y coránicos, despertando en él una profunda fascinación por el poder transformador del lenguaje. Un momento decisivo en su juventud ocurrió a los trece años, cuando, durante una visita del presidente sirio Shukri al-Quwatli a la región, el joven Ali le dedicó un poema improvisado que conmovió al mandatario. Este acto le valió el otorgamiento de una beca estatal que le permitió acceder a una educación formal, marcando el inicio de un trajecto intelectual que, si bien lo alejó físicamente de su entorno rural, lo mantuvo irrevocablemente vinculado a la creación poética.

Durante sus años de formación en Damasco, Adonis se empapó de la literatura clásica árabe, especialmente de los poetas preislámicos conocidos como los mu‘allaqat, cuyas odas fueron consideradas los cimientos de la lengua árabe. Sin embargo, también se sintió atraído por la filosofía occidental, la poesía moderna y las ideas de libertad que circulaban en la posguerra. Se licenció en Filosofía por la Universidad de Damasco en 1954 y se afilió brevemente al Partido Social Nacionalista Sirio, lo que le costó una temporada en prisión. Tras su liberación, se exilió en Beirut, una ciudad que en los años cincuenta bullía de intelectuales, revistas literarias y debates sobre la modernización cultural del mundo árabe. Fue en Beirut donde cofundó, junto con el poeta Yúsuf al-Jal, la revista Shi‘r («Poesía»), que marcaría un antes y un después en la literatura árabe contemporánea. Shi‘r proponía romper con la rigidez métrica y temática que dominaba la poesía tradicional, abrirse al verso libre, al surrealismo, a las nuevas voces del mundo. En sus páginas se tradujeron por primera vez al árabe autores como T. S. Eliot, Ezra Pound, Rilke, Lorca, Saint-John Perse y Octavio Paz (con quien mantendría una fuerte amistad y a su vez una larga relación con México). Adonis fue uno de los principales responsables de esa apertura. Creía que el idioma árabe, con toda su riqueza, debía liberarse de las ataduras religiosas y políticas para volver a ser un espacio de creación y no de repetición.

En 1961, la publicación de Canciones de Mihyar el de Damasco consagró de manera definitiva la voz de Adonis en el panorama literario árabe. Esta obra monumental no solo lo situó en el centro del modernismo, sino que reconfiguró radicalmente los fundamentos de la expresión poética en su lengua. Mihyar, figura protagónica del libro, se erige como un profeta errante, un extranjero que transita por un mundo en ruinas en busca de nuevos destellos de sentido entre los escombros. A través de este personaje, Adonis materializa su concepción del poeta como vidente, como aquel que se desplaza en el umbral entre la destrucción y el renacimiento. Las imágenes que articulan el poemario son desbordantes: diluvios, piedras, espejos, relámpagos y desiertos. La voz poética oscila entre lo íntimo y lo cósmico, lo místico y lo político. En su ritmo libre y su imaginería audaz resuenan ecos de T.S. Eliot y Arthur Rimbaud, pero también de la tradición sufí y de los poetas árabes medievales. Durante las décadas de 1960 y 1970, Adonis amplió su producción literaria con obras que reflejaban tanto su evolución personal como las convulsiones políticas de su época. Tras la derrota árabe en la Guerra de los Seis Días (1967), compuso Un tiempo entre la rosa y la ceniza, trilogía poética donde fusiona verso y prosa para expresar el dolor, la frustración y la imperiosa necesidad de reinvención. En estos poemas emergen títulos como «Prólogo a la historia de los Reyes de Taifas» o «Epitafio para Nueva York», donde la crítica política se entrelaza con la reflexión existencial. En este último, inspirado en el Poeta en Nueva York de Federico García Lorca, Adonis denuncia la violencia y el imperialismo con una lucidez amarga. Sin embargo, su poesía nunca se reduce a la mera denuncia: es también un canto a la posibilidad de transformación.

Adonis ha recibido numerosos galardones internacionales, entre ellos el Premio Goethe en 2011, el Premio Nâzim Hikmet y diversas distinciones académicas en Europa y América. Ha sido candidato al Premio Nobel de Literatura en múltiples ocasiones, y su nombre figura recurrentemente en las especulaciones anuales, tal como en este mismo artículo se pretende presentar. Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas, y sus reflexiones sobre modernidad, identidad y libertad son objeto de estudio en universidades. No obstante, su verdadera influencia trasciende los reconocimientos formales y se mide por el impacto ejercido en generaciones de poetas árabes y occidentales.

El mito del joven dios que muere y renace anualmente simboliza de manera perfecta su visión del arte: la poesía, al igual que la naturaleza, debe perecer para renacer. En el contexto árabe, adoptar un nombre pagano constituyó un gesto de provocación. Algunos lo interpretaron como una blasfemia, un desafío a la tradición islámica. Él, en cambio, lo concibió como una afirmación cultural: Adonis, la deidad semítica cuyo culto se originó en las costas del Levante, representaba una raíz anterior al islam, una memoria mediterránea compartida que vinculaba a Oriente y Occidente. En cierta forma, Ali Ahmad Said Esber resucitó a Adonis para recordarle al mundo árabe que su identidad es múltiple, que su historia no comienza ni concluye con una sola religión. La poesía de Adonis resiste toda clasificación sencilla. No se adscribe plenamente a escuela alguna, aunque dialoga con muchas. Es una poesía de pensamiento, cargada de imágenes simbólicas, pero también profundamente sensorial. El lenguaje se expande, se descompone y se renueva en cada verso. Hay poemas que semejan visiones cósmicas y otros que se aproximan al susurro interior. En ellos, el amor y la muerte, el cuerpo y la palabra, la historia y el mito se entrelazan sin fronteras. Como alquimista del lenguaje, Adonis transfigura lo cotidiano en epifanía.

Habiendo dicho todo esto y a título personal, Adonis ha sido un momento de lucidez en mi vida literaria. En 2022 pude conocer al poeta, un cuerpo en movimiento con una mente ágil y simpática. Todo lo que se pueda decir sobre Adonis desde la crítica y el academicismo es un esbozo de lo que uno puede intuir en su presencia. Como Mihyar, su personaje eterno, Adonis sigue caminando por los desiertos del tiempo en busca de una nueva voz, de una nueva humanidad. Y quizá esa sea su lección más perdurable: que la verdadera modernidad no consiste en negar el pasado, sino en revivirlo con una mirada distinta, en reconocer en las ruinas el germen de lo que aún puede florecer.

Si el Premio Nobel de Literatura recae en sus manos, la Academia Sueca podría justificarlo de la siguiente manera:

Por haber elevado la palabra árabe a un espacio de encuentro universal donde confluyen la historia, el mito y la esperanza, dando voz a la libertad interior del ser humano frente a toda forma de dogma o violencia.

Adonis en sus palabras

«Si me abriera sus brazos
un cedro,
entre las arboledas de honduras y de años.
Si me guardara
de las perlas y velas tentadoras.

Si yo tuviera sus raíces,
y se anclara mi rostro tras su triste corteza.

Me haría entonces nubarrones y rayos
en lontananza,
este país de confianza.

Mas todo ramo en las arboledas
de honduras y de años, viviendo yo,
es fuego sobre mi frente,
fuego de fiebre, de perdición,
que devora la tierra que me guarda.»

 

 

Ixkozauki Hermosillo

Ixkozauki Hermosillo

Director de Edición

(Guadalajara, 1996)
Escritor, editor y fotógrafo. Ganador del concurso Creadores literarios FIL Joven 2012; coautor de la antología La voz de los pasos (Mano Armada, 2018), de la plaquette Mirada, palabra, poesía en 2020 y de la antología Voces en el tiempo en 2024, ambas publicadas por la Editorial Universidad de Guadalajara. Seleccionado ganador de la Convocatoria Libre Noviembre 2024 por la Editorial ITA en Colombia. Participó en la edición 28 del Encuentro Internacional de Poetas de Zamora. Textos suyos han aparecido en distintos medios: Versorama, Revista Gremios, El Comentario Semanal de Colima y Revista Katabasis. Estudió las licenciaturas de Abogado y Periodismo y comunicación.

Paulo Augusto Cañón Clavijo

Paulo Augusto Cañón Clavijo

Redactor

Colombiano, periodista y lector de tiempo completo. Escribo para encontrarme. Apasionado del fútbol, la música, los elefantes, las mandarinas y los asados.

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