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Ilustrado por: Paulo Cañón

Ixkozauki Hermosillo y Paulo Augusto Cañón Clavijo

Hace cinco años, en octubre de 2021, escribí que no hacía falta mayor presentación que la propia semblanza que aparece en la solapa de sus libros. Hoy, tras convertirse en la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2026, esa descripción sigue siendo perfecta para Anne Carson: «Nace en Canadá y se gana la vida enseñando griego antiguo».

La brújula indicaba mujer; la alternancia era obvia. Había tres direcciones posibles: África, América u Oceanía. Europa cabía en la dirección idiomática, pensando en algún país de habla inglesa pero con otra lengua nacional. Con la misma indicación llegaban nuestros candidatos europeos: John Banville, Colm Tóibín y Ali Smith; o bien, en la dirección océanica, Patricia Grace, Gerald Murnane y Alexis Wright. La dirección africana nos presentaba autores como Scholastique Mukasonga, Tsitsi Dangarembga, Paulina Chiziane y a nuestro favorito personal —seguiremos apostando por él—: Mia Couto. Desde América, navegando por el Caribe, encontrábamos a Edwidge Danticat y a Patrick Chamoiseau.

Hay en este Nobel algo de ajuste de cuentas con una cierta idea de la literatura. Carson llevaba años figurando en las quinielas y su nombre encabezaba las listas de favoritos junto a los de Haruki Murakami, Gerald Murnane, Margaret Atwood o el escritor español Enrique Vila-Matas. Con 76 años, es la decimonovena mujer galardonada en 119 ediciones y la segunda escritora nacida en Canadá que obtiene el premio, después de Alice Munro en 2013.

La noticia despejó cualquier duda sobre Anne Carson. Un nombre que ha estado en las quinielas desde siempre se alza, por fin, victorioso. Y no es para menos. ¿Primera impresión? No sorprende. Quizá sea porque Carson es una autora que lleva años formando parte de nuestras bibliotecas y de nuestras charlas sobre literatura contemporánea; ya era una obviedad pensar en ella como Premio Nobel. Llevábamos tiempo esperando este momento. El anuncio de este jueves solo vino a confirmar algo que ya sabíamos: Carson pertenece a ese canon de la Academia Sueca. No puedo dejar de lado cierta decepción; no me malinterpreten: el Nobel ha sido un espacio para conocer nuevas voces, nuevos nombres, nuevas latitudes literarias. Es normal que haya cierta decepción al tener tan presente al ganador: no hay investigación, no hay descubrimiento, no hay esa sensación de ir corriendo a la librería y comprar el primer título que encontremos, pues su obra ya yace en nuestras bibliotecas personales. Claro, vale la pena revisitar su obra; de lo contrario, no estaría aquí escribiendo este texto para presentar a una autora capaz de romper todos los límites del género literario. Eso sí que emociona.

No lo voy a negar: habría disfrutado más escuchar el nombre de Cristina Peri Rossi que el de Anne Carson. Quizá por la identidad latinoamericana, quizá por la lengua española, quizá por sentimentalismo. Pero el anuncio de Carson deja un buen sabor de boca.

Eros dulce y amargo (1986) es el libro que funda todo lo demás, y sigue siendo la mejor puerta de entrada a su pensamiento. Partiendo del adjetivo con que Safo califica a Eros, glukupikron —lo dulceamargo, un compuesto que «desafía todo borde propio, una síntesis de opuestos forzada bajo presión»—, Carson sostiene que el deseo nace de la carencia: se desea lo que no se tiene, y el amante descubre en esa distancia los límites de su propio yo. El eros griego opera por triangulación: entre el amante y el amado se interpone siempre un tercer término, la distancia misma, y esa geometría del hueco se convierte en el motor de la poesía. El libro propone además una «visión estereoscópica», la capacidad de mantener en equilibrio dos perspectivas simultáneas, que la biobibliografía Nobel identifica como la matriz de su método que se hizo más visible en los libros siguientes. En Economía de lo que no se pierde (1999) puso a dialogar al Simónides de Ceos del siglo VI a. C. con Paul Celan, superviviente de la Shoah: dos poetas separados por veinticinco siglos, «alineados y adversos», cada uno convertido en la superficie sobre la que el otro cobra foco. En Hombres en sus horas libres (2000) alineó al historiador Tucídides con Virginia Woolf. Esta técnica de constelaciones inesperadas tiene su teoría explícita en Decreación (2005), donde Safo, la mística Marguerite Porete y Simone Weil comparecen como tres escritoras que conocieron el éxtasis de salirse de sí mismas y pagaron por ello con la hoguera, el desmayo o la inanición. «Saben lo que es el amor», escribe Carson de ellas: «saben que el amor es la piedra de toque de una espiritualidad verdadera o falsa».

La fama literaria llegó en 1998 con Autobiografía de Rojo, una «novela en verso» que toma los restos de la Gerioneida de Estesícoro, el poeta siciliano del siglo VI a. C. que primero contó la décima prueba de Heracles desde la experiencia de su víctima, y convierte a Gerión, el monstruo alado y rojo, en un adolescente gay de la América actual que ama al muchacho destinado a destruirlo. El libro está armado con un aparato paródico de prólogos, fragmentos inventados y una entrevista imaginaria con Estesícoro, y sus cuarenta y siete capítulos oscilan entre el lirismo y una prosa seca de guion cinematográfico; la fotografía, el volcán y el color rojo sostienen su arquitectura simbólica. Tres años después llegó La belleza del marido (2001), subtitulado «un ensayo narrativo en 29 tangos»: la crónica de un matrimonio que se deshace, con cada episodio abierto por un verso de Keats, cuyas palabras sublimes sobre la belleza como verdad quedan yuxtapuestas «de manera brutal y lúdica» al agotador drama conyugal. El marido miente «cuando no es necesario mentir», la esposa permanece porque la belleza «hace posible el sexo», y el tango da su métrica emocional a la obra. Con este libro Carson se convirtió en la primera mujer ganadora del Premio T. S. Eliot, en su tercera nominación consecutiva. Daphne Merkin escribió en el New York Times Book Review que ningún volumen desde Life Studies de Robert Lowell había «hecho avanzar tan radicalmente el arte de la poesía». Los dos libros comparten una convicción que atraviesa toda la obra: el mito es «un patrón enriquecido, una proposición de doble faz», por eso los griegos nunca son en Carson solo un decorado o una forma de erudición académica.

Nox (2010) es el libro que muchos lectores sitúan en el centro de la obra, y también el que mejor explica qué tiene la escritura de Carson de experiencia física. En el año 2000 su hermano Michael, que había huido de Canadá en 1978 para eludir la cárcel y con quien apenas había hablado una media docena de veces desde entonces, murió en Copenhague; la noticia tardó dos semanas en llegarle porque la viuda no encontraba su número entre los papeles del muerto. Carson construyó entonces a mano un cuaderno de duelo, «un epitafio en forma de libro», y Nox es su réplica facsimilar: una caja gris del tamaño de un misal que contiene una única hoja plegada en acordeón, con fotografías recortadas, cartas fragmentadas, collages y entradas lexicográficas que descomponen palabra por palabra el poema 101 de Catulo, la elegía latina por un hermano muerto en tierra lejana. El libro realiza el duelo mediante la traducción: elegiar a un hermano que ya estaba perdido antes de morir exige traducir su ausencia, del mismo modo que Catulo tradujo la suya. Solo deconstruyendo el poema de Catulo puede Carson construir el sentido de la vida de su hermano, sabiendo que la empresa está condenada y que por eso todo queda plegado en una caja, «como si la noche pudiera guardarse entre las manos».

La relación de Carson con el mundo hispanohablante es más honda de lo que sugiere el dato editorial. Su obra circuló primero por Lumen y luego, desde 2011, de forma sistemática por Vaso Roto, con Jeannette L. Clariond como traductora principal; la editorial celebra hoy haber apostado por ella a lo largo de once títulos. El hito fue la edición trilingüe de Si no, el invierno en 2019, con Aurora Luque vertiendo al español la versión inglesa de Carson: un libro donde Safo llega al lector español filtrada por dos poetas. En 2020 llegó el Princesa de Asturias de las Letras, cuyo jurado la situó «entre los escritores más destacados del presente». Su discurso de agradecimiento, leído de forma online por la pandemia, giró en torno a la palabra griega kharis: «La gracia va y viene entre el creador de una obra de arte y su audiencia como entre el que da y el que recibe un regalo. Ninguno podría existir sin el otro».

Anne Carson seguirá, presumiblemente, sin fotos de autora en las solapas, sin semblanza, sin conceder apenas entrevistas, sin explicarse. En la entrevista de The Paris Review confesó su predilección por «las cosas viejas y maltrechas»: una página con un poema y unas manchas de té le parece más rica que una página impecable, porque las manchas «añaden un poco de historia», igual que los papiros griegos llegan hasta nosotros «en ruinas», copiados, envueltos en momias, reconstruidos por nueve eruditos distintos. La literatura de Carson se ha pasado cuarenta años demostrando que esas ruinas no son lo que queda de la obra cuando el tiempo la daña, sino la obra misma.

En aquél octubre de 2021 no había mucho que decir sobre su obra, ironía que los párrafos anteriores intenten encender una luz y guía en quien aún no la ha leído, sin embargo, hoy siendo galardonada con el Premio Nobel de Literatura 2026, mejor que nunca, que su obra hable por sí misma.

Ixkozauki Hermosillo

Ixkozauki Hermosillo

Director de Edición

(Guadalajara, 1996)
Escritor, editor y fotógrafo. Ganador del concurso Creadores literarios FIL Joven 2012; coautor de la antología La voz de los pasos (Mano Armada, 2018), de la plaquette Mirada, palabra, poesía en 2020 y de la antología Voces en el tiempo en 2024, ambas publicadas por la Editorial Universidad de Guadalajara, y de la antología Bajo la escarcha (Editorial ITA, 2025) publicada en Colombia. Participó en la edición 28 del Encuentro Internacional de Poetas de Zamora, en el IV Foro Nacional de Poesía de la UACM, en el VI Festival de Letras Hidalguenses. Dictó la charla De la idea al poema en el marco de la FilBo 2025. Director de Edición y Coordinador de Redacción de la revista literaria digital Katabasis. Textos suyos han aparecido en distintos medios: Versorama, Revista Gremios, El Comentario Semanal de Colima y Revista Katabasis. Licenciado en Periodismo y comunicación.

Paulo Augusto Cañón Clavijo

Paulo Augusto Cañón Clavijo

Redactor

Colombiano, periodista y lector de tiempo completo. Escribo para encontrarme. Apasionado del fútbol, la música, los elefantes, las mandarinas y los asados.

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