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Ilustrado por: Elienai Lucero

​Elienai Lucero Hernández


La literatura y el cine siempre han tenido un romance complejo, pero cuando esa fusión ocurre bajo la mirada de mujeres que entienden el peso de la narrativa, la adaptación deja de ser una copia para convertirse en una reivindicación, un complemento, una perspectiva diferente.

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2025, Netflix abrió los micrófonos para un conversatorio necesario: «Del libro a la pantalla: la voz y agencia de las mujeres». Moderado por Ana Laura Rascón, el panel reunió a tres titanes de la producción audiovisual en México: Sandra Solares, Mónica Lozano y Fernanda Eguiarte.

​No se trató solo de hablar de guiones o producciones; se habló de reinterpretar la historia desde la entraña para poder mostrarlo en pantalla.

​Ana Laura Rascón lanzó una premisa que resonó en el auditorio y que sirvió como columna vertebral del encuentro: el hilo conductor de las nuevas narrativas femeninas es la desobediencia al estándar.

Al analizar las próximas adaptaciones de obras como «Nadie nos vio partir», «Las muertas» y «Mal de amores», quedó claro que la época de la musa inmaculada ha terminado. Las productoras coincidieron en que el streaming y el cine actual exigen mujeres que no piden perdón por existir desde su naturalidad, con errores y dolores propios.

​Estas protagonistas comparten un rasgo vital: la humanidad del error. Ya no están al servicio del viaje del héroe masculino. Se permiten ser imperfectas, crueles o contradictorias, rompiendo con el arquetipo de la santidad o la villanía absoluta.  Cada obra a su manera y con su propia historia nos demuestra una mujer que no es perfecta pero tampoco pretende serlo.

Más allá del Test de Bechdel


Durante la charla, surgió un concepto teórico fundamental: el Test de Bechdel. Esta métrica evalúa la brecha de género en la ficción con tres reglas simples: que aparezcan al menos dos mujeres con nombre propio, que hablen entre ellas y que la conversación trate sobre algo que no sea un hombre.

​Lozano, Solares y Eguiarte demostraron que sus producciones van más allá del test: sus obras tienen detrás un gran trabajo de producción donde ellas mismas se retan y cuestionan el papel de las mujeres en su trabajo, en su realidad.

En sus series, la mujer no es un satélite. Sus ambiciones políticas, sociales o emocionales son el centro de gravedad. Asimismo, reconocieron la necesidad de la interseccionalidad: representar con responsabilidad a cada feminidad, respetando sus sueños y contextos únicos.

​El momento cumbre llegó durante la sesión de preguntas y respuestas. Sandra Solares rompió otra barrera invisible al confesar su deseo de incursionar en el True Crime (crimen real), un espacio de producción que históricamente ha estado dominado por la mirada masculina. Su declaración fue una declaración de principios: las mujeres ahora pueden abarcar más espacios. Ya no hay géneros prohibidos, somos capaces ahora de escribir lo que se nos dé la gana, es el mensaje latente.

​Esta libertad creativa no es gratuita; es el resultado directo de esas primeras mujeres desobedientes que se atrevieron a escribir contra la corriente, y de las productoras que hoy tienen la valentía de adaptar esas historias. La mujer ya no solo es la víctima en el crimen real, ahora reclama su lugar como la narradora, la investigadora y la creadora de la atmósfera donde los problemas van más allá de ayudar o acompañar a un masculino y cómo el sistema de contextos tan diferentes influye en estas desobediencias.

​Netflix y estas tres talentosas creadoras dejaron claro que la adaptación literaria vive una época dorada. A través de esta hermosa fusión de la literatura y la pantalla, se celebra una representación vital que permite a la mujer existir con sus propias ideas y emociones.

La pantalla ha dejado de ser un espejo pasivo para convertirse en un altavoz: uno donde las mujeres reales, complejas y libres, finalmente tienen la agencia completa de su propia historia donde otras mujeres les dan voz a través de series o películas. 

Al final, lo que ocurrió en este salón de la FIL no fue solo una charla sobre cine, sino un acto de alquimia. La tinta, paciente, se ha transformado en luz, en movimiento. Y en ese tránsito, las mujeres han dejado de ser personajes escritos por otros para convertirse en las dueñas de su propio relato. Porque si escribir es un acto de resistencia, filmarlo, escribirlo, trabajarlo y producirlo—con todas nuestras oscuridades y deseos— es la declaración definitiva de libertad. Las mujeres ahora podemos escribir, y otras mujeres nos dan voz en las pantallas. 

Nos quedamos con la certeza de que la mujer en la pantalla ha dejado de ser un adorno narrativo para convertirse en la columna vertebral de la historia. Una historia que, por primera vez, no pide perdón por ser compleja, oscura o  gloriosamente (y dolorosamente) real. 

 

Elienai Lucero Hernández

Elienai Lucero Hernández

Directora de Multimedia

Me llamo Elienai Lucero Hernández, me llaman Elienai, Lluvia, Kumy, Niennai, Nai, Nani, a veces soy Lúth L. L. H. En casi todas mis versiones soy aficionada de la literatura, la loca de los cuadernos, dibujos y misionera de la revista Katabasis ¿Ya leíste todos los números? ...deberías.

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