Ilustrado por: Paulo Cañón
Paulo Cañón e Ixkozauki Hermosillo
Una vez más, y por sexto año consecutivo, en Katabasis nos encontramos frente a la tarea de hablar del premio Nobel de Literatura. En esta ocasión, nos reúne el escritor húngaro László Krasznahorkai (Gyula, 1954), quien ayer por la mañana fue coronado como el más reciente ganador de este reconocimiento.
Antes de hablar del escritor, quisiéramos dedicar algunos párrafos a explicar por qué cubrimos con tanta insistencia el Premio Nobel (cosa que no ocurre con otros galardones como el Premio Planeta, el Cervantes, el princesa de Asturias de las letras, el Pulitzer o el Booker Internacional). La respuesta es simple: al igual que el fútbol es el rey de los deportes, el Nobel es el rey de los reconocimientos literarios. Logra, por un día, y quizá con réplica en algunos meses, que el mundo vuelque su mirada sobre la literatura y sobre uno de sus mejores exponentes. Es, digámoslo así, como el Super Bowl del periodismo cultural. Mucho más misterioso que los premios Oscar, por ejemplo; rodeado de un halo de triunfalismo absoluto donde quien gana se vuelve, casi inmediatamente, el tema de conversación de librerías, bibliotecas y editoriales.
A pesar de su claro enfoque eurocéntrico y los reproches constantes sobre la deuda de género del Premio, el Nobel es un edificio difícil de derrumbar. Tanto así que es, probablemente, el único reconocimiento literario en el que la lista de No-ganadores tiene un peso equivalente a la de quienes sí lo han recibido. Es difícil saber, por ejemplo, qué películas optaron por el Óscar de 1983, pero todo el mundo sabe y recuerda que, desafortunadamente, fue la época en la que se lo negaron a Borges. Y esto se debe al fenómeno del Nobel como Canon: quien lo gana, automáticamente gana el aire (y a veces la altura) de grandes nombres que lo consiguieron: Toni Morrison, Saramago, Gabriel García Márquez, William Faulkner, etc…
Seguir esto es fascinante. Tomamos una parte del año en leer, comparar y pensar las obras de varios escritores de todo el mundo, intentando averiguar si alcanzan o no este aire de Nobel. Se buscan pistas en todas partes, se especula regiones, lenguajes y tradiciones, tan sólo para reducir toda una lista a un nombre, el de quien gana. Y una vez que se empieza a hacer esto, es difícil parar, dado lo fascinante que es el proceso. A fin de cuentas, no queremos solamente averiguar el Nobel, sino conocer las obras y pensamientos de aquellos nombres que apuntan a ganarlo. Quizá ahí es donde está el verdadero encanto, en la sensación caleidoscópica y casi universal de intentar adivinar qué van a decidir un grupo de académicos suecos.
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Regresando a Krasznahorkai, su premio es un reconocimiento necesario al postmodernismo. La consolidación de una obra apocalíptica y total, donde la sintaxis frenética, la construcción paciente y sostenida en oraciones subordinadas, y el preciosismo en el lenguaje, se unen para conformar la voz de este escritor húngaro. Novelas como Tango Satánico, Melancolía de la resistencia o Guerra y Guerra forman un universo donde la destrucción y la fe conviven, y la literatura se convierte en un medio para pensar el caos.
«Por sostener la potencia narrativa que envuelve, revela, oculta y transforma la realidad del mundo, por dilatar la versión novelesca de la enigmática existencia humana, por convocar la vigorosa lectura de una compleja fabulación y construir los fascinantes laberintos de la imaginación literaria». Con esta sentencia, que lapida cualquier duda del genio narrativo de László Krasznahorkai, le fue otorgado el Premio Formentor de las Letras 2024. ¿Qué más había que agregar? La Academia Sueca encontró las palabras adecuadas para inmortalizar la obra del autor húngaro: «por su obra visionaria y sobrecogedora que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte». Krasznahorkai es un artesano de la palabra, de la oración subordinada; es un estilista del diálogo y la escenografía. Si algo nos ha demostrado el Premio Nobel el día de hoy es que el canon todavía tiene lugar para la contemplación detallista, lenta y melancólica del paisaje humano.
Es —siendo honestos— uno de esos escritores que casi nunca está en los anaqueles más visibles de las librerías. Más bien podría decirse que sus libros son aquellos que se disimulan en las estanterías, brillando en su silencio, y que suelen ser descubiertos por recomendación de algún librero o amigo con gustos alternativos.
Sus libros son desafiantes, aunque recompensan al lector. Tienen tintes oscuros y casi pesimistas, aunque estén elaborados con un lenguaje luminoso y bien pulido. Y, en definitiva, podría decirse sin mucha dificultad, que están a la vanguardia absoluta de la literatura contemporánea. Su narrativa surge desde el desmoronamiento del presente. En su mundo no hay esperanza ingenua, sino una persistencia secreta: la de seguir escribiendo mientras todo se derrumba.
Es imposible entender el universo narrativo de Krasznahorkai sin prestar atención al prestigioso cineasta Béla Tarr con quien colaboraría escribiendo los guiones de seis largometrajes incluyendo la adaptación de dos de sus novelas: Sátántangó (1994), basada en el libro Tango satánico (1985), y Las armonías de Werckmeister (2000) basada en Melancolía de la resistencía (1989). Es posible que la mayoría de sus lectores se haya adentrado a su obra gracias al cine de Tarr. No es de extrañar que haya sido de esta manera, ambos universos son un altar a la devastación.
Krasznahorkai era el favorito de varias casas de apuestas (hombro a hombro con la escritora china Can Xue). Bebe de grandes nombres europeos como Kafka, Beckett, Gogol y Bernhard; y se presenta como un opuesto formal y temático al anterior ganador húngaro del Nobel: Imre Kertesz, cuya obra se cimentaba en la memoria del Holocausto y, para no extender una basta crítica a la obra de Kertesz, digamos simplemente que por fin se ha premiado a la literatura y a la lengua de Hungría.
Las representaciones surrealistas y viscerales de la crueldad y la incomprensión entre individuos que presenta Han Kang en su obra encuentran un sucesor que garantiza una experiencia lectora aterradora y profundamente gratificante para quienes se atreven a acercarse al abismo del pensamiento aniquilador. ¿Cómo se narra el apocalipsis desde los confines del alma?

Paulo Augusto Cañón Clavijo
Redactor
Colombiano, periodista y lector de tiempo completo. Escribo para encontrarme. Apasionado del fútbol, la música, los elefantes, las mandarinas y los asados.

Ixkozauki Hermosillo
Director de Edición
(Guadalajara, 1996)
Escritor, editor y fotógrafo. Ganador del concurso Creadores literarios FIL Joven 2012; coautor de la antología La voz de los pasos (Mano Armada, 2018), de la plaquette Mirada, palabra, poesía en 2020 y de la antología Voces en el tiempo en 2024, ambas publicadas por la Editorial Universidad de Guadalajara. Seleccionado ganador de la Convocatoria Libre Noviembre 2024 por la Editorial ITA en Colombia. Participó en la edición 28 del Encuentro Internacional de Poetas de Zamora. Textos suyos han aparecido en distintos medios: Versorama, Revista Gremios, El Comentario Semanal de Colima y Revista Katabasis. Estudió las licenciaturas de Abogado y Periodismo y comunicación.
